Laurel (Laurus Nobilis)

Árbol perenne que presenta un follaje cerrado y oscuro y una impecable adaptación a la poda. Su nombre ha estado unido a muchos personajes de la historia.

Este árbol es originario de la cuenca mediterránea y gusta, por tanto, de condiciones climáticas cálidas. Sin embargo, resulta bastante adaptable y sobrevive dignamente en ambientes menos favorables.

Las hojas son estrechas y coriáceas, a veces con el borde ondulado, y están repletas de un aceite esencial de conocido aroma, apreciable con facilidad al deshacerlas entre los dedos.

La corteza de tronco y ramas es de tono muy oscuro, áspera antes que arrugada, lo que contribuye a darle ese aire imponente que le caracteriza. Los sexos se localizan en plantas distintas, por lo que las hembras producen frutos, que son unas pequeñas bayas esféricas y oscuras de reducido tamaño. En todo caso, las flores son diminutas y se disponen en las axilas de las hojas en apretados ramilletes.

Los laureles crecen de forma pausada pero, con el tiempo, pueden llegar a una altura y dimensiones considerables.

Las guirnaldas de laurel pintadas, bordadas o esculpidas, han adornado, y aún hoy lo hacen, multitud de lugares y edificios públicos y, en distinta medida, documentos, sellos o escudos.

Cuidados.-

Los laureles prefieren situaciones soleadas debido a su origen mediterráneo. No obstante, se adaptan a la perfección a aquellas de carácter sombrío; de hecho, parecen necesitar de la protección de una sombra durante los primeros años de su vida.

Son aptos para cualquier terreno que tenga una inmejorable capacidad de drenaje y admiten la poda incluso cuando esta es realmente estricta.

Los laureles son bastante resistentes a las condiciones urbanas, por lo que pueden utilizarse en jardines de ciudad, plazas, terrazas y balcones.