Olivo (Olea Europaea)

Árbol emblemático de la cultura mediterránea. Los ejemplares añejos, muchas veces centenarios, procedentes de antiguas plantaciones aceituneras, son utilizados en la actualidad con fines ornamentales.

Cientos de miles de estos árboles han vivido en nuestras regiones cálidas desde tiempo inmemorial, ofreciendo su peculiar fruto del que se obtiene el mejor aceite culinario conocido. De un tiempo a esta parte,

olivos centenarios han sido incluidos en muchas actuaciones jardineras. Esto es un lujo, algo que difícilmente puede permitirse en otros países europeos septentrionales, que pierden por ello la oportunidad de disfrutar de la secular personalidad de este árbol en sus jardines. Su inclusión en jardinería se debe a la relativa facilidad que tiene el olivo de ser trasplantado en su edad adulta.

El olivo es un árbol de lento crecimiento que se ramifica a poca altura sosteniendo sobre su tronco una copa redondeada y amplia cuya cima llega, con el tiempo, de 12 a 14 m de altura. Las hojas perennes, de textura coriácea y color verde-gris en su cara superior y plateadas por debajo, le otorgan un carácter luminoso, fresco y brillante, que contrasta con el aspecto senil de su tronco y ramas. Florece mediada la primavera en espigas pobladas por diminutas flores blanquecinas de agradable olor. Al final de otoño o en invierno los frutos, las olivas o aceitunas, se hacen patentes sobre las ramas, primero verdes y después en oscuros tonos violáceos.

Cuidados.-

El olivo prospera mejor en situaciones cálidas y soleadas, aunque es capaz de adaptarse a otras menos benignas. Precisa un terreno poco húmedo, con buena capacidad de drenaje, y algo pobre; soporta la naturaleza calcárea y, una vez asentado, ciertos grados de sequía.