BANCO ESPAÑOL SAN FERNANDO - BANCO ISABEL II

 

BANCO ESPAÑOL DE SAN FERNANDO

El Gobierno liberal, siendo Ministro de Hacienda Luis López Ballesteros, con las reformas hacendistas ( Bolsa de Madrid, Código de Comercio, se crea el Ministerio de Fomento, legislación sobre patentes, etc.) consigue que los accionistas del Banco de San Carlos renuncien a todos sus créditos contra el Estado a cambio de su participación con 40 millones de reales en el recién creado 'Banco Español de San Fernando'.

De este modo, en 1820 se crea el Banco Español de San Fernando con un capital de 60 millones de reales, de los que 20 millones de reales serían desembolsados íntegramente por el Estado.
Con la maniobra de Luis López Ballesteros, el Banco Nacional de San Carlos queda convertido en el Banco Español de San Fernando.

El Gobierno mantuvo una gran vinculación con el Banco Español de San Fernando, sus órganos de Gobierno (Comisario, Director y Subdirector) eran nombrados por el Rey.
Los Estatutos del banco fueron redactados por Pedro Sainz de Andino, más que como un banco de depósitos se concebía como un banco de emisión y descuento, y como prestamista del Tesoro.
La mayor preocupación del banco fue garantizar la convertibilidad de sus billetes. En los primeros años, los dividendos repartidos se situaron entre el 6 y 9 por ciento.

Con la Guerra Carlista (1833-1839), aumentó la vinculación entre el Banco Español de San Fernando y el Gobierno, situándose de forma activa en el núcleo de la política financiera del Ministerio de Hacienda.
El Banco además de prestar dinero al Gobierno se encargó de recaudar para el Ministro de Hacienda
Mendizábal.

Cuando acaba la Guerra, se incrementa considerablemente el presupuesto militar al incluirse en el Ejército gran parte de las tropas carlistas, el Banco Español de San Fernando se convierte casi exclusivamente en 'Tesorero del Gobierno'.

Al no existir una Institución crediticia que atendiera al sector privado, se fomenta la usura de los prestamistas.
En este momento, el diputado por Málaga
José Salamanca, con un considerable capital gracias al arrendamiento del monopolio de la sal y su habilidad para moverse en Bolsa, y el apoyo de sus socios más cercanos, banqueros y comerciantes Buschental, Agustín Muñoz, Carriquirí y Remisa, o los agentes Rothschild, Weisweiller y Bauer, solicita la autorización para construir un nuevo banco, bajo el nombre de 'Banco de Isabel II', con un capital de 100 millones de reales divididos en 20.000 acciones.

El Banco de Isabel II fue autorizado mediante el Real Decreto de 25 de enero de 1844, facultando al banco para emitir cédulas al portador con un importe que no podría superar el duplo del efectivo que mantuviera en caja.

 

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